El Real Monasterio de Santo Tomás

Cuando vengáis a Ávila no podéis dejar de visitar el Real Monasterio de Santo Tomás. Es, sin duda, una de las joyas de la ciudad. Y aunque se encuentre fuera de la ruta turística por excelencia (la que discurre teniendo a la Muralla de Ávila como eje central) os recomendamos que os acerquéis a visitarlo.

Monasterio de Santo Tomás.

Patio de acceso y fachada principal del Monasterio de Santo Tomás.

Son muchas las razones para hacerlo. La primera, por supuesto, por su belleza. Pero el Monasterio de Santo Tomás es mucho más que un conjunto arquitectónico y artístico espectacular. El Monasterio de Santo Tomás es historia al alcance de la mano. Y su visita se convierte en una oportunidad única para explicar a vuestros pequeños la historia de España del siglo XV.

LOS REYES CATÓLICOS
Monasterio de Santo Tomás

El sepulcro del Infante Don Juan.

Lo primero que les podréis enseñar, por ejemplo, es que Monasterio de Santo Tomás fue elegido por los Reyes Católicos como residencia de verano en un primer momento. Y, más adelante, como lugar de descanso eterno para su único hijo varón, el infante Don Juan. De ahí que sea el ‘Real’ Monasterio de Santo Tomás. Seguro que a los peques les sorprenderá el inmenso sepulcro del Infante, labrado en mármol, y en el que aparece vestido de guerrero.

TRES CLAUSTROS

Aunque antes de llegar a este punto, la visita turística (por cierto, muy interesante si se realiza siguiendo los comentarios de las audioguías) arranca en el exterior. Porque si de algo puede presumir el Monasterio de Santo Tomás es, entre otras muchas cosas, de sus magníficos claustros.

Monasterio de Santo Tomás.

El Claustro del Silencio.

Os encontraréis en primer lugar con el Claustro del Noviciado, el de menor tamaño de los tres. Austero pero precioso. Y con un pequeño pozo en un lateral.

Monasterio de Santo Tomás

Perlado abulense en el Claustro del Silencio.

Algo más grande es el Claustro del Silencio. Se le denomina así porque era allí donde eran enterrados los frailes dominicos del monasterio. Si es bonito a ras de suelo, lo es aún más cuando se disfruta desde la balconada del primer piso, adonde la visita permite subir. Desde allí podréis ‘tocar con las manos’ el estilo artístico por excelencia de la ciudad: el perlado abulense. En este claustro también hay un pozo aunque éste sí que está en el centro, como suele ser habitual en estas construcciones.

El tercer claustro, el de los Reyes, es el más grande sin duda. Éste claustro era el que más disfrutaban Isabel y Fernando durante sus estancias en Ávila. De hecho, está ubicado en el que era el palacio de verano de los Reyes Católicos.

Este claustro está menos ornamentado que el del Silencio. De hecho, si tuviéramos que escoger uno, nos quedaríamos con la belleza del Claustro del Silencio.

Monasterio de Santo Tomás.

Claustro de los Reyes del Monasterio de Santo Tomás.

Las niñas, en cambio, prefirieron corretear por el de los Reyes. Su sensación de amplitud invita a ello. Desde él se tiene acceso a alguna de las aulas remodeladas de la desaparecida Universidad de Santo Tomás de Ávila. Por ellas pasó Jovellanos, otro de los personajes ilustres cuyo nombre se une al Monasterio de Santo Tomás.

DOS MUSEOS

Y desde el Claustro de los Reyes se tiene acceso también a una de las sorpresas del Monasterio de Santo Tomás: su Museo de Ciencias Naturales.

Lo cierto es que este museo genera controversia. Se trata de una amplia colección de animales disecados que formaba parte del gabinete de historia natural del antiguo Estudio General de la Orden de los Dominicos.O bien te encanta, o te horroriza. Hay que recalcar que los animales fueron disecados hace muchas décadas, cuando no existía la conciencia medioambiental que existe hoy.

Te guste o no, lo cierto es que es una manera peculiar de descubrir animales de lo más exóticos. Los hay de los cinco continentes. Leones, cocodrilos, todo tipo de aves y reptiles, armadillos, monos… Pocas especies faltan en sus vitrinas.

Pero éste no es el único museo con el que cuenta el Monasterio de Santo Tomás. Los frailes dominicos también pueden presumir de contar con un increíble Museo de Arte Oriental. Cuenta con once salas reformadas y con obras procedentes de Japón, Vietnam, Filipinas y China. ¡Una maravilla!

LA IGLESIA
Monasterio de Santo Tomás.

La nave de la iglesia, vista desde el Coro.

En vuestro recorrido por el Monasterio de Santo Tomás entraréis, por su puesto, a la iglesia. Allí, además de contemplar el sepulcro del Infante Don Juan del que ya os hemos hablado, os asombraréis, por ejemplo, con su peculiar altar. Éste se encuentra elevado sobre la planta de la iglesia. Súper curioso. Y os quedaréis con la boca abierta contemplando el impresionante retablo, obra de Pedro Berruguete.

Seguro que también os gusta ver el Coro. Es enorme (tiene 45 bancos), su madera de nogal está perfectamente conservada. Y en él se aprecia muy bien las dos sillas que utilizaban los Reyes Católicos durante las celebraciones religiosas. Son las que están más cerca del altar.

¡Por cierto! Por el Monasterio de Santo Tomás no sólo pasaron reyes, príncipes e ilustrados como Jovellanos. También se puede sentir en él la presencia de la abulense por excelencia, Santa Teresa. Así, encontraréis el confesionario en el que tuvo una visión el 15 de agosto de 1561. Se encuentra en la Capilla del Cristo de las Angustias o de la Agonía pero también puede verse desde uno de los pasillos del claustro.

Monasterio de Santo Tomás.

El confesionario de Santa Teresa.

DETALLES PRÁCTICOS

Si os hemos animado a ir, tened en cuenta estos detalles prácticos. El Real Monasterio de Santo Tomás abre los meses de julio y agosto de 10,30 a 21,30 horas todos los días de la semana. Y de septiembre a junio, el horario es de 10,30 a 14,00 horas y de 15,30 a 19,30 horas todos los días de la semana.

La entrada general es de 4 euros. Y la reducida, para niños menores de cinco, es de tres euros.

Con la entrada se incluye la audioguía, disponible en cinco idiomas.

El Real Monasterio de Santo Tomás se encuentra en la plaza de Granada. Desde la plaza del Mercado Grande, corazón de la ciudad, podéis llegar caminando en diez minutos.

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